Un pre-texto para analizar nuestras prácticas

Este trabajo surge a partir de la consigna dada por Jorge Larrosa en su Seminario: “tratar algún tema pedagógico tomando como pretexto un poema, un relato, un ensayo. Esperando ofrecer una respuesta, aunque provisoria como toda respuesta, es que se inicia con el cuento titulado Planolandia, extraído de ¿Es real la realidad? de Watzlawick, Planolandia fue escrito hace casi un siglo, por el reverendo Edwin Ablot, director de la City of London School. Este texto se puede sintetizar así:

Planolandia es una narración puesta en boca del habitante de un mundo bidimensional, es decir, una realidad que sólo tiene longitud y anchura, pero no altura.

En un mundo plano como la superficie de un globo de papel, habitado por líneas, cuadrados, triángulos, círculos y otras formas geométricas.

Sus moradores pueden moverse libres en esta superficie, pero no pueden ascender ni descender.

Ellos ignoran esta limitación, la idea de una tercera dimensión les parece inimaginable.

El narrador de la historia tiene un sueño singular. En él es trasladado a un mundo unidimensional, sus habitantes son puntos y rayas. Se mueven hacia delante y detrás, pero siempre sobre una misma línea, llamada “su mundo”. En vano intenta el narrador explicar al monarca de Linelandia que existe otra realidad, y que él en su país es un cuadrado, línea de líneas.

Ante tan delirantes afirmaciones, el rey y sus súbditos, puntos y rayas, se arrojan sobre el cuadrado, quien, en ese mismo instante, vuelve a la realidad de Planolandia. El sonido de la campana lo llama al desayuno.

Pero aquél día le tenía reservada otra molesta experiencia.

El cuadrado le enseña a su nieto, el hexágono, los fundamentos de la aritmética y su aplicación a la geometría. Después de escuchar cómo se obtiene la potencia de dos, es decir, 2² y relacionarlo con la superficie, preguntó si 2³ tendría algún sentido geométrico.
“Nada, absolutamente nada” replicó el “abuelo – cuadrado, a lo que el nieto contestó que un cuadrado de tres pulgadas, expresada en 3², se debía mover de alguna manera, que no alcanzaba a comprender, cuando el resultado era 3³.

Pero el abuelo incurre en el mismo error que el rey de Linelandia, no quiere escuchar a su nieto y por eso le dice: “Vete a la cama, tendrías más sentido si no dijeras cosas tan insensatas”.

Durante toda la tarde le sigue rondando la voz de su nieto. Ante lo cuál se responde: “Este chico es un alcornoque. Lo aseguro, 3³ no puede tener ninguna correspondencia geométrica”.

En ese momento se escucha la voz de un extraño visitante que viene de Espaciolandia, un mundo de tres dimensiones.

El cuadrado ve a su visitante como un círculo y no puede comprender lo que éste le dice cuando procura explicarle que es un círculo de los círculos, en su mundo: una esfera.
La esfera procura convencerlo pero, como no lo logra, no ve otra solución que llevarlo a su mundo: Espaciolandia.

En Espaciolandia el cuadrado descubre que es un cuadrado de cuadrados, o sea, un cubo, y exclama: “¿Esto es la locura o el infierno?”. “Ni lo uno ni lo otro”, le dice la esfera, “solo un mundo de tres dimensiones”.

Embriagado por tal formidable experiencia, el cuadrado desea explorar mundos más elevados: de cuatro, cinco y seis dimensiones. Pero la esfera no quiere ni oír hablar de semejantes disparates y lo devuelve a los estrechos límites de Planolandia.

El cuadrado siente la gloriosa misión de predicar la existencia de las tres dimensiones. Pero cada vez le resulta más difícil despertar aquel recuerdo que era claro inolvidable al principio.

Es condenado por el Supremo Tribunal a cadena perpetua. Cada año lo visita el Círculo Supremo para ver si mejora su estado de salud mental. Y cada año le cuadrado no puede resistir la tentación de intentar convencerlos.

El Círculo Supremo menea la cabeza y desaparece hasta el año siguiente.

Hasta aquí el cuento.

Ahora, nosotros/as
El tiempo y el espacio en que discurre la existencia del hombre lo sitúa, lo amarra a un modo ver la realidad. En las últimas centurias, como lo señaló Sigmund Freud, se ha dado un fuerte golpe su narcisismo. La Tierra no es el centro del Universo y el hombre no se encuentra en el centro de la creación. De este modo se pasó de la creencia en que lo dominaba todo a reconocer que muchas veces ni siquiera puede controlar lo que dice, las palabras se agolpan y surgen a su pesar. Esto sucede en el marco de un mundo donde el hombre se ha convertido en una cosa entre otras cosas.

Hombres y mujeres son los únicos seres capaces de crear cultura, de crear una sociedad. Inmersos en el mundo del lenguaje que los atraviesa, que los desgarra y los constituye en tanto ser únicos y diversos, se encuentran sujetados por los significantes que fueron dejando sus huellas en ellos.
“Los pensamientos descalzos que habitan en el cuerpo, dejar saber lo es dado saber. Aunque se piense y se piense, las vestiduras de las palabras no podrán ocultar que hay un límite al saber…” (Daniel Rubinsztejn, 1998).

El hombre, sometido al mundo del lenguaje y a la polisemia que portan sus términos, se encuentra obligado a dar cuenta de qué habla cuando cree decir algo.

En este caso se tomará como tema pedagógico la pregunta que intenta dar cuenta de ¿cómo trabajar con adultos que poseen una formación profesional en el marco del Profesorado Universitario?[1].

Ante este interrogante la propuesta pedagógica que suele presentarse se halla sostenida en una cuestión que podría denominarse moral ya que está enmarcada en lo que se espera estos profesionales sean a la hora de desempeñarse como docentes. De ahí que se trabaja sobre cómo deber ser un docente, cómo deben trabajar con los estudiantes, cómo deben hacer esto u lo otro. En ese marco se enseña, en numerosas ocasiones, la necesidad de respetar a los niños, adolescentes y adultos que estos profesionales tienen como alumnos en los diversos espacios de formación. Pero no se les permite hacer su propio recorrido, se los coloca no sólo en una posición asimétrica necesaria, sino una que supera lo que usualmente se denomina infantilizada ya que se los trata como niños que nunca tuvieron ninguna experiencia previa, verdaderas tablas en blanco

Otra propuesta puede ser correrse de este lugar de omnipotencia, para lo cual hay que tener presente que quienes ingresan al Profesorado poseen un bagaje de conocimientos vinculados a su formación disciplinar: medicina, abogacía, fisiatría, quinesiología, odontología y otras pero no han recibido formación pedagógica (y es lo que esperan encontrar en ese espacio).

Los estudiantes llegan a las clases con un saber experto- dado por su formación de base- y con una visión de la educación sostenida en la relación ciencia-técnica, donde para poder dar cuenta de lo que sucede en “la realidad” es necesario recurrir a fuentes estadísticas y a documentos en los cuales abunda la información. De este modo el argumento en el cual basan sus afirmaciones podría resumirse en: “si se publica en las revistas de la especialidad y lo sostienen estadísticamente es verdadero”

Retomando lo que le sucede al personaje del cuento, al ingresar al Profesorado los profesionales- estudiantes sólo pueden abordar aquello que su perspectiva les permite, se hallan en uno de los tres mundos, desconociendo la existencia de los otros. De este modo cuando abordan los textos lo hacen desde una perspectiva focalizada en su formación profesional. Es decir, estos profesionales portan representaciones, creencias, supuestos sostenidos en una racionalidad técnica que, en muchos casos, con los cuales pueden abordar las temáticas desde una única perspectiva.

Si bien se puede sostener que los conceptos teóricos están cargados de experiencia[2], en tanto la experiencia es leída desde alguna teoría y conforman un modo de ver el mundo. La teoría porta – en lo que dice y en lo que omite- los supuestos que sostiene la práctica. A esta dualidad teoría-práctica Jorge Larrosa le ofrece como alternativa la de experiencia /sentido.

Pero una propuesta dirigida a adultos formados no está exenta de problemas, sobre todo si consideramos que

“…las luchas por las palabras, por el significado y el control de las palabras, por la imposición de ciertas palabras y por el silenciamiento o la desactivación de otras, son luchas donde se juegan más que simplemente palabras, algo más que sólo palabras. [3]

Formación, formados, términos que al usarlos tenemos que tratar de alejarlos de las otrora metáforas educativas, como aquella que decía: “el docente es como un artista ante una arcilla a moldear”. Tentación ante la cual es preciso no sucumbir, pero debemos estar advertidos: las palabras no son ingenuas ni neutras.

Es posible pensar al espacio del Profesorado como un lugar donde: las certezas quedan en suspenso, los textos no tienen la estructura esperada (hipótesis, demostración-conclusiones) se puede acceder a las temáticas a través de la literatura. Propuesta y tránsito en el cual el abordaje que se aproxima a la propuesta de Jorge Larrosa cuando dice que la experiencia puede ser pensada desde lo que nos pasa [4] aunque esto implique un pasar situado en un tiempo y espacio que posibilita, a la par que circunscribe.

En este sentido tanto la lectura como la escritura adquieren particular relevancia. Se trata de trabajar desde un conocimiento situado, enseñando a descreer –al decir de Jorge Larrosa.

En lo relativo a la lectura el trabajo con textos en castellano hace una diferencia de lo que ellos hacen en su práctica profesional donde la mayor parte de los textos de salud, por ejemplo, se encuentran en inglés. Los textos que pretenden abordar cuestiones “educativas” poseen una terminología accesible a todos, teniendo especialmente en cuenta la heterogeneidad de formación inicial que poseen los estudiantes. A pesar de esto los mismos muchas veces resultan escurridizos para quienes están habituados a la lectura de papers de Congresos o Jornadas con una estructura definida y normada. El uso de textos literarios permite abrir o recorrer un tema (como por ejemplo “La muralla y los libros” de Borges cuando se trabaja la impronta de la historia en el abordaje de las instituciones educativas) y los videos brindan una narrativa diferente, facilitando el encuentro con la imagen. [5]

En muchos casos las voces de los estudiantes frecuentemente parecen silenciadas y si se les pregunta algo generalmente es para que ellos confirmen lo que el docente tiene previsto que digan. Pero con esto sólo se logra un “como si” donde los estudiantes responden de acuerdo a qué creen que el docente quieran que digan.

En este espacio de formación se trata de ex – poner y ex- ponerse ya que los mismos términos son abordados desde diferentes enfoques por las disciplinas en que ellos están formados. La clase no es un lugar para convencer a los estudiantes sino un espacio en el que los significados construidos pueden ser com- partidos y puestos en cuestión.

Se trata de recuperar las voces de quienes participan en esta situación de enseñanza y de aprendizaje. De ahí que al finalizar el cuatrimestre se les pide a los estudiantes que en forma anónima expresaran sus apreciaciones acerca de lo vivido. En las respuestas apareció la valoración de las actividades en las cuales pusieron “el cuerpo”. Por ejemplo la recorrida que se realiza con todo el grupo por una institución escolar en la cual cada uno va registrando qué ve en los distintos espacios, y también las situaciones en las que ellos estaban a cargo de una clase y luego se trabajaba sobre las apreciaciones de sus compañeros. Uno de los estudiantes dijo:“Me replanteé y cuestioné muchas cosas en ejercicio como docente. Siento que han dejado en mí una marca como persona”. Otro estudiante señaló lo relacionado con el “haber podido integrar un grupo de estudio heterogéneo en cuanto a composición, objetivos personales y formación previa y trabajar con gusto y alegría fue muy importante (y además aprendiendo!)” y el trabajo sobre lo que denominan “expresiones no habituales en las clases de su profesión” como la película la Escuela de la Srta. Olga, los cuentos que contaba Claudia C.

Para finalizar…
Los hombres y las mujeres llegan al mundo en estado de prematuración, dependencia inicial, marca inaugural en el que la aparente debilidad se constituye en base de su fortaleza, ya que al carecer de soporte instintivo todo lo tiene que aprender, todo lo tiene que construir.

En el marco del Profesorado Universitario se trata de una construcción pensada al modo de la línea de Sarajevo: ¿qué te pasa?, pero también ¿y tú que piensas?, ¿y tú que sientes?.

Se trata de que los estudiantes del Profesorado Universitario puedan recorrer el camino que va de Planolandia a Linelandia y Espaciolandia, sosteniendo que ninguno de estos espacios es superior al otro, sino que conforman miradas distintas de una realidad construida.

Se trata de co-habitar un espacio frecuentemente enajenado con las palabras de otros que no llegan a resonar en los hombres y las mujeres que se encuentran en él.

Bibliografía
-Larrosa, J (2000) La experiencia de la lectura. Estudios sobre la literatura y formación. Editorial Alertes
-Larrosa, J (2003) Entre las lenguas. Lenguaje y educación después de Babel, Editorial Alertes, Barcelona.
-Samaja, J. (1994) Epistemología y metodología, Eudeba. Buenos Aires.
-Wastzlawick, P. (1995) ¿Es real la realidad?, Edtorial Herder, Buenos Aires.

Este texto fue producido en el marco del Seminario a cargo del Prof. Dr. Jorge Larrosa, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Diciembre de 2003.

Notas
[1] Las afirmaciones que se encuentran en este trabajo están sostenidas en mi experiencia en ese ámbito como profesora y aluden al trabajo realizado en dos universidades.
[2] Samaja, J. Epistemología y metodología, Eudeba. Buenos Aires, 1994.
[3] Larrosa, J (2003) Entre las lenguas. Lenguaje y educación después de Babel, Editorial Alertes, Barcelona, p. 167.
[4] Larrosa, J (2000) La experiencia de la lectura. Estudios sobre la literatura y formación. Editorial Alertes, p.18.
[5] Lo narrado corresponde a una propuesta implementado el año pasado en el Profesorado Universitario de la Universidad Maimónides, en Trabajo de Campo I y II.