“Javier Manguitez, contable, de la visera a la pantalla catódica. El qué, el para qué, y el cómo de la formación empresarial a través de Internet”.
Javier lleva 25 años trabajando en su empresa. Concretamente en el departamento de contabilidad. A lo largo de su vida profesional ha recibido más de uno -y de dos- cursos. Que si el nuevo plan de contabilidad, que si fiscalidad, que si rentabilidad, análisis de balances y..., claro, el euro.
Siempre ha sido un alumno aplicado. Siempre se ha esforzado en seguir las instrucciones de sus profesores. Entiende que su empresa necesita que sus conocimientos evolucionen y se adapten a los tiempos. Y entiende que mantener su puesto de trabajo depende un poco de eso.
Aún recuerda -con un poco de añoranza- cuando llevaba las cuentas en los libros Diario y Mayor. Para cuadrarlas sólo necesitaba un lápiz, papel, una calculadora, manguito y visera. Pero todo evoluciona y Javier ha sabido adaptarse. Primero fue una máquina horrible a la que llamaban “computadora”. Luego las bases de datos, los ordenadores de sobremesa, la red interna…
Hasta ahora, para aprender a manejar todo esto siempre ha tenido enfrente a un maestro, a una persona que le enseñaba…Y eso era bueno.
Hoy Javier ha recibido una comunicación interna de su jefe en la que le anuncia que debe participar en un curso sobre la fiscalidad de la empresa en el año 2.000. Correcto. Hasta aquí nada nuevo. Todos los años lo mismo. Pero…¡el curso es por internet!
“Me suena eso”, se dice a sí mismo. “Mis hijos lo utilizan para jugar y alguna vez he visto -de reojo- alguna foto un poco subida de tono, pero ¿para aprender? Ufffff! ¿Y si voy pensando ya en jubilarme?”
Valencia, 2 de Mayo del 2000
Sirva esta breve historia para introducirnos al entorno que nos ocupa: la formación a través de internet en la empresa. ¿Qué es eso? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se hace?
La formación empresarial a través de internet supone un cambio de paradigma, que abre enormes posibilidades. Sirve para mejorar los procesos de aprendizaje de los profesionales y personas que configuran nuestras empresas. Se hace haciéndolo.
Sencillo, ¿verdad? Y simple, ¿no? Pues no. Si bien el punto de partida de mi análisis se resume en el párrafo anterior, no todo es tan fácil. Pero tampoco difícil.
Cualquier cambio de paradigma implica un esfuerzo. Antes que nada, como empresarios debemos preguntarnos si, de verdad, queremos cambiar, si de verdad creemos en las posibilidades que se abren ante nuestros ojos, en nuestras pantallas catódicas.
¿Es internet un instrumento válido para la formación? En mi opinión, no sólo lo es, sino que cada vez se configura más como imprescindible. Las diferentes herramientas que la red pone a nuestra disposición nos llevan mucho más allá de la formación -presencial o a distancia- tradicional, con innumerables beneficios.
El uso de internet, sin embargo, plantea ciertas cuestiones sobre las que debemos reflexionar.
_ La accesibilidad a la información es una de sus grandes ventajas, pero... la cantidad no es sinónimo de calidad ¿Quién selecciona la información? ¿Qué criterios podemos aplicar para garantizar la calidad y fiabilidad de la misma?
_ Hay que pensar también en quién es el usuario final de la herramientas de estudio, normalmente personas adultas. ¿Cuáles son sus diferentes estrategias de aprendizaje? ¿Debemos de adaptarnos a ellas? ¿Cómo?
_ El uso de internet ¿fomenta el aislamiento de los seres humanos?
_ ¿Aumenta los costes de una determinada acción formativa?
_ ¿Es, de verdad, eficaz.
Sólo dando respuesta a las preguntas planteadas puedo dotar de contenidos a mis argumentos y justificar el para qué de la formación empresarial a través de internet.
_ En el primer caso, es necesario que los contenidos y la información de cualquier acción formativa sean seleccionados y diseñados por expertos en la materia, con un amplio currículum profesional. Exactamente igual que en formación presencial. Además, dichos contenidos se deben de pactar con -y adaptar a- la empresa u organización destinataria de los mismos. La cuestión es ¿se hace?
_ En segundo lugar, hay que diseñar escrupulosamente nuevas metodologías que se adapten, no sólo a las características individuales de cada sujeto, sino a la utilización de las nuevas tecnologías y herramientas.
_ El uso de internet fomenta la socialización del sujeto de aprendizaje en tanto en cuanto le permite una relación múltiple y variada con otros seres humanos que están en su misma situación. A este respecto hay que destacar que dichas relaciones y procesos son absolutamente reales no “virtuales”, como se ha puesto de moda definirlos (virtual, algo que se asemeja a lo real, sin serlo)
_ No sólo se abaratan los costes -alquiler o amortización de aulas y equipos, desplazamientos- sino que se acumulan ventajas de indudable valor añadido: disminución del estrés, de la contaminación atmosférica, mejor y más cómodo ambiente de trabajo.
_ Es absolutamente eficaz, siempre que se apliquen estrategias de formación/aprendizaje y metodologías basadas en las líneas que apenas estoy definiendo en estos párrafos. Evidentemente no siempre es así y corren por la red cantidad de cursos que se limitan a sustituir el correo en papel por el electrónico o a utilizar complicadas y obsoletas herramientas que lo único que consiguen es desanimar y desmotivar al participante en un curso.
En formación hay que utilizar la red “bien”. Y ¿qué es “bien”? ¿Cómo comprobar la validez de un determinado instrumento de aprendizaje?
Sólo conozco un sistema: determinar exactamente los objetivos y evaluar los resultados. Para ello es preciso saber muy bien previamente al inicio de la acción formativa qué es lo que se espera conseguir al final de la misma. Pero también con qué contamos, de qué partimos, cuáles son los conocimientos, habilidades y actitudes de los sujetos de aprendizaje.
Exactamente igual que en formación presencial
La cuestión es -de nuevo- ¿se hace?
Pedro Manguitez se ha levantado temprano esta mañana. Va a participar en un curso con sus compañeros de facultad que están en Washington, Casablanca, Tokio, Barcelona..., orientados por el Dr. Serrano, desde París.
Pone en marcha su pantalla de plasma, comprueba la calidad y velocidad de su conexión vía satélite -óptima, como siempre- y dedica una sonrisa a la fotografía junto a la pantalla: su abuelo, Javier. Él fue quien le enseñó a manejar lo que entonces llamaban un “ordenador conectado a internet”. Y también le enseñó que todo aquello servía para algo más que para el comercio electrónico…
Valencia, 10 de Junio del 2.030 |