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HACIA UNA FORMACIÓN DE DOCENTES FUNDADA EN UNA ÉTICA DE PREOCUPACIÓN POR EL "OTRO"
 
En el transcurso de una conversación con una de mis alumnas, señala ella, como al pasar, que copiar en los exámenes y plagiar trabajos es hoy una conducta común de los estudiantes y que no cree que se puede hacer algo contra ello. Yo sé que ella tiene razón respecto a lo normal de esas conductas, pero pienso que no corresponde dejar su aseveración sin señalar vía alguna de salida. Le digo entonces: "Supongamos una situación de esta naturaleza. Una de las estudiantes se ha presentado a un concurso para acceder a un puesto importante de la Universidad y, en la etapa final, ha quedado enfrentada nada menos que a su hermano que causualmente también se ha presentado (mi alumna tiene un hermano…). ¿Te parece que trataria de copiar para superarlo y ganar el concurso?". "Por supuesto que no", me responde. "Supongamos ahora que no se trata de su hermano, sino de una amiga o de una de sus buenas companeras de clase. ¿Copiaria en ese caso?". "No, tampoco lo haría". "¿Te das cuenta, entonces, que el copiar o no, tiene tambien que ver con la calidad de las relaciones que mantenemos con los demás?. ¿Y no podria de esto deducirse que una forma posible de tratar nuestro problema esta en tratar de ir mejorando el clima social que existe entre los miembros del grupo?".

Es claro que ustedes, con razón, señalarian que no es nuestro propósito, como educadores, desarrolar una moral que se aplique solo en función del grado de cercanía o amistad que tengamos con los demas. Por el contrario, nos proponemos no renunciar a una actitud orientada por criterios de vigencia general. Pero quizas una moral de esta naturaleza pueda tener sus orígenes justamente en una actitud que, comenzando por aplicarse a aquellos con quienes estamos vinculados por sentimientos de amistad, se va poco a poco "cristalizando" - para usar el termino de Alfie Kohn (1990, p. 266) -, es decir, transformando en una actitud permanente, parte del repertorio de nuestro ideal de yo. Oliner y Oliner (1988), en su estudio sobre las raíces de la moralidad de quienes, poniendo en peligro sus vidas, salvaron a perseguidos por el regimen nazi, traen los casos de aquellos que, comenzando por salvar a amigos o vecinos, terminaron por hacerlo respecto a personas por completo desconocidas: su actitud habia transformado la manera en que se concebian a si mismos y los llevaba a actuar de un modo similar ante cualquier ser humano perseguido.

Nuestra intencion es proponer determinados acentos para la formacion de docentes, que permitan la promocion de una actitud de "preocupacion por el otro", de disposicion a asumir responsabilidad por el, pero tambien de actuar concretamente en forma que exprese aquella toma de responsabilidad. Se trata entonces de una Ética de "toma de responsabilidad por el otro" sea este quien sea, vinculado a uno o no, conocido o desconocido. Pero tambien, se trata de un preocuparse y tomar activa responsabilidad por los entornos naturales, por las creaciones del hombre y hasta - como lo pidiera Nell Noddings (1984, 1992) en sus fermentales trabajos en el terreno que nos ocupa - por el mundo de las ideas.
Esta Ética de "preocupacion por el otro" se ha definido por una tendencia a responder a las necesidades legítimas de los demás, una actitud que centra al "otro" en el foco de nuestras motivaciones.
Emmanuel Levinas nos habla de un asumir de responsabilidades sobre el que se fundaría nuestra individualidad. Yo soy aquel que es irremplazable en su toma de responsabilidad por el otro. "Todos somos responsables por todos, pero yo mas que ninguno" dice el personaje de Dostoievsky y nadie es capaz de asumir mi responsabilidad anadirá Levinas. He aqui el nucleo de mi idiosincracia, aquello que me define y me hace único y que senala el camino a una pedagogía en que el propósito de promover el desarrollo de la individuacion del educando no se concibe en oposición o siquiera desvinculado de la necesidad de hacer o apoyar un hacer para el "otro". Esta responsabilidad no depende de mi voluntad ni del grado de simpatía que siento por otra persona : se me impone, dice Levinas, en forma ineludible en tanto ser humano inscrito en una red de relaciones y enfrentado al rostro del otro (Levinas, 1995, p. 74). Ese rostro que, en su desnudez, su indefensión, su irrepetibilidad e incapacidad de ser definido -es decir, atrapado en la marana de mis clasificaciones-, me ordena. Y ese imperativo que brota de la presencia del "otro" dice: no ejerceras violencia, no matarás. Por supuesto que, como bien lo sabemos, es posible matar enfrentados al rostro de la victima. Pero la dificultad moral se halla sin duda siempre presente: es mas fácil arrasar una aldea tirando una bomba desde un avion que violentar a un ser humano que nos mira.

 
Con Levinas estamos ante una Ética exigente, totalizante, dificil. A un imperativo de responsabilidad del hombre para con el "otro" (ese "otro" que, en terminos tomados de las escrituras biblicas, senala al huerfano, al extranjero, al enfermo, pero para nosostros se referira primariamente al educando). Esa responsabilidad no resulta ya de la aplicacion de un principio universal kantiano del tipo de "no hagas sino aquello que estás dispuesto se transforme en ley para todos"; no esta basado en un uso soberano de la razón como instrumento de decision del quehacer moral. No. La responsabilidad surge, se hace conciente, como ya senalaramos, a traves de la presencia del rostro del "otro". Pero a este imperativo lo entenderemos de un modo mas amplio. El "no matarás" implica en realidad el deber de actuar para impedir a toda costa su acabamiento (Chalier, 1995, p.119), de hacer todo lo que este en nuestras manos para el desarrollo de lo que percibimos como el bien del "otro". Levinas exige que esa responsabilidad sea asumida incluso, por la responsabilidad misma del otro. Y en verdad, es precisamente para el docente que esta exigencia, este impulso ético, incluye - sin duda más que cualquier otra profesión - el desarrollo de la responsabilidad del educando. Levinas nos aporta una concepcion de lo etico en la que la pedagogia puede encontrar su punto de apoyo. La educación moral tendera entonces no solo a un abstenerse de provocar daño, de "no ser violentos" como se lo proponen tantos programas de educación de nuestro tiempo sino que, en su lugar, destacara la exigencia de una accion definida e ineludible por el otro, acción y toma de responsabilidades que deberan senalar para nosotros, en tanto educadores, esa necesaria vuelta de tuerca del pensamiento ético-pedagógico moderno. Una educacion humanista, quisieramos proponer, pide más que desenvolver al máximo nuestras potencialidades, y desarrollar nuestra individualidad en el marco de algún contexto socio-cultural. Pide, muy esencialmente, ayudarnos a asumir nuestra responsabilidad por el "otro".
 
Este nuevo acento de la moral que valoriza el mantenimiento y desarrollo de la interrelación humana en vez de buscar sus fundamentos en principios éticos universales y en la primacia exclusivista de la búsqueda de justicia, se destaca sobre todo en el pensamiento de algunas de las corrientes feministas de nuestro tiempo. Se propende a reivindicar lo emocional, lo intuitivo, lo interrelacional de la experiencia humana como pilares de una etica que, sin embargo, no esta dispuesta a renunciar a su caracter universal (Noddings, 1995, p. 188). Pero esto conduce a una pedagogía cuyos objetivos en el terreno axiologico van mas alla del desarrollo del juicio moral como quisiera un Kohlberg o incluso de la creacion de entornos escolares concebidos como "comunidades de justicia" segun propusiera en posteriores etapas de su trabajo-, o del desarrollo del autoconocimiento como principal via para el desarrollo de los valores propios, los eticos incluidos.
Llevado a la relacion pedagógica, las lineas que hemos esbozado implican una educacion concebida en tanto mision etica, mas alla de su caracter de trabajo profesional (en lo que se ha definido como "oportunidades de asumir la responsabilidad por el otro" - para utilizar la expresion con la que Jean Watson (1985) definiera el espiritu que fundamenta el trabajo de la salud - mas que de abocarse a la resolucion de los problemas de cierto tipo). Significa hacer de la institucion de formación docente un entorno de participación dialógica permanente y a todos los niveles, del estudiante. Procura promover en este un desarrollo integral es decir, emocional y de valores, a la vez que intelectual y tecnico. Trata de una relación en la que el educador pone a un lado su afan de poder, su necesidad de exito, su deseo de ser objeto de carino. Pero se trata tambien de una relacion que, como sugirieramos mas arriba, se propone formar facilitadores de aquellas condiciones que permitan una asuncion de responsabilidades por el "otro", tanto el presente como el lejano (el diferente, el minusvalido, el de otras culturas y religiones), por el medio natural, por el entorno fisico creado por el hombre, por el mundo de las ideas.
 
Tratamos aqui de esbozar las características de una cultura del entorno educativo, por la cual se incita al diálogo permanente mantenido en un clima de mutuo respeto, se eliminan innecesarias jerarquizaciones, se evitan ociosas mediciones de resultados de educación rigidamente pre-establecidos, se rechazan formas declaradas o encubiertas de competitividad propuestas como aliciente de los aprendizajes. Esta cultura deberá expresarse en todas y cada una de las actividades de la institucion educacional o sea, en las relaciones docente-educando (tanto las profesionales como de la "vida cotidiana") y educando-educando; en las estrategias y los contenidos de la educacion; en las formas de evaluacion; en la interrelacion con la familia y la comunidad. Ahora bien: es claro que una formacion ético-social de los estudiantes de docencia no puede limitarse al marco de una materia mas o de un tema delimitado del proceso de profesionalizacion. ¿Como podra entonces implementarse esta transformación cultural en el diario quehacer de las instituciones educacionales y, en particular, de aquellas de formación docente para la infancia?. Podré aqui presentar solo algunos ejemplos de esta posible transformación que deberá afectar a todos los terrenos del proceso educativo.
En realidad, no hay practicamente contenido o actividad que no incluyan una dimensión ética.
En el entorno educativo, los valores se expresan - y son por lo tanto pasibles de asimilacion por parte del alumnado - a traves del hacer institucional en todos sus niveles (Gudmundsdottir, 1991), de la modelación de sus espacios, sus símbolos y normas. La trasmisión de valores puede ser no explicita (Giroux & Purpel, 1983). Es más: la propia conciencia de la existencia de determinados valores o incluso de la intencion de trasmitirlos puede estar ausente (Burckhardt, 1999; Eisner, 1992, p. 314). Pero esta falta de intencionalidad no afecta su capacidad de influenciar al otro: los valores que, sin ser declarados o siquiera sugeridos, integran la concepcion del mundo del docente, sortean obviamente con mas facilidad el filtro del juicio critico del estudiante, y son capaces de afectar mas profundamente el desarrollo de sus valores (Sockett, 1992; vease tambien Campbell, 1997). En una sociedad democratica, el docente se ve llamado a crear las condiciones que permitan al alumnado desarrollar una conciencia y actitud morales fundamentados en la elección conciente, autónoma y capaz de aplicar un pensamiento crítico. El tratamiento de estos temas no debería estar excluído, en principio, de ninguno de los aspectos de la enseñanza y por supuesto, no de sus contenidos.
 
Supongamos entonces, por ejemplo, esta situación que se produce en un marco educacional para ninos. Un juego de competición entre alumnos que un buen educador logra aprovechar con el propósito de desarrollar el pensamiento matematico. Dos alumnos juegan a las bolitas: Juan tiene 6 y Pedro - 3. En la primera vuelta Juan gana 2 bolitas de Pedro. En la segunda vuelta, Juan se hace de otra bolita mas. Viendo el juego, el educador pregunta a un grupo espectador de ninos: ¿con cuántas bolitas ha quedado ahora Juan?. ¿Y Pedro?. Las respuestas correctas son - han ustedes acertado - nueve y cero. Pero es quizás esta la oportunidad de plantear algunas preguntas más, tratandose como hemos indicado, de una situacion real y presente, no artificial ni "pre-fabricada". Podriamos, por ejemplo, preguntar: ¿como crees que se siente Pedro después de haber quedado sin bolita alguna para continuar el juego?. Y tambien esto: ¿que podria hacer Juan para mejorar esta situacion?. He aqui dos preguntas, una del terreno afectivo y otra del ético - acordes al modo en que hemos definido la misión del educador, y tal que la situacion relatada podria invitar a plantear. Creemos necesario sugerir a los docentes en formación la consideracion de estas alternativas, en tanto dimensiones permanentemente integradas en los procesos educativos, promoviendo asi una presentacion éticamente valiosa de los contenidos en el marco de todas y cada una de las materias de enseñanza.
 
Entendemos que una pedagogía de esta naturaleza es hoy necesaria para llevar al educando a asumir un posible rol transformador en el marco de su realidad social, una realidad que, bien sabemos cuan inhóspita es para muchos de ellos. Inhospita porque exige una creciente (aunque no declarada) sumisión a esas formas deó violencia que se instalan cada vez que el hombre se transforma en el pasivo, no voluntario objeto, como senalara Derrida, de la acción de los demas. Y entre esas formas, las que se manifiestan en una educación que, mientras que declara ofrecer al niño o al joven la preparación que le permita integrarse y aportar al desarrollo de las economías nacionales, los moldea a la vez en acríticos pilares de los futuros aparatos de producción y consumo. Una realidad inhóspita para el joven que se ve a menudo en el deber de prestarse a una manipulacion pre-planeada que se realiza por medio de materiales de estudio empaquetados, y para cuya implementacion se encontrará siempre una plana de condescendientes trabajadores de la educacion. Una realidad que les impone una hegemonía cultural cuyos valores de consumo y de "rating" no propenden al desarrollo de una personalidad autonoma y solidaria o sea, a su capacidad de hacer precisamente frente a los desafios de la epoca. Pensamos que son estos algunos de los acentos que deberemos destacar por medio de los contenidos trasmitidos a nuestros estudiantes de docencia, si nos proponemos crear aquellas condiciones que permitan el surgimiento de la cultura etica alternativa de los marcos de educación a que nos hemos referido.
 
Pasemos ahora a considerar otro aspecto de la actividad docente: el de la evaluacion de los logros educacionales. La educacion formal toda y en su marco, la formacion de profesionales de la docencia de la que aqui tratamos, se halla muchas veces en el callejon sin salida que suelen crear los metodos de evaluacion, obstaculizando la posibilidad de desarrollar el acento ético-social que proponemos. La razón de ello es que no se acostumbra evaluar - a excepcion de ciertas expresiones de satisfaccion o vistobueno de los docentes - lo que el estudiante haga en los terrenos moral y social - y esto a diferencia de lo que sucede con sus logros en el terreno intelectual. Pero he aquí que el hecho de que una actividad sea evaluada, se traduce sin duda en una contribución que destaca su importancia. Actividades que no es habitual evaluar -por ejemplo la voluntaria actividad pro-social (cuando esta se realiza!)- son percibidas como menos importantes y hasta prescindibles. Por otro lado, toda evaluacion de actividades de ayuda o aporte social, de acuerdo a como acostumbrarmos a hacerlo en el resto de las materias, pareceria llevar a una relativización o hasta reducción de su valor ético: una labor de este tipo deber ser voluntaria y desinteresada, no incitada por el posible "premio" implícito en las comunes formas de evaluación. Pues bien: este callejon sin salida no podra ser evitado a menos que se verifique un cambio estructural en las formas de evaluación de logros aun utilizadas en las instituciones de formacion docente. Las formas propuestas para acompanar la confeccion de portfolios, indicarian una dirección posible de salida, en la medida en esta se defina como un proceso de mancomunado proyectar, de planeamiento de un futuro adecuado a las capacidades y características de cada uno de los participantes del proceso de formación/educación. Una calificacion que resulte de un diálogo comun sobre los acentos y los cambios a ser implementados de aqui en adelante, haria improbable la jerarquización de los educandos y ubicaria a lo pedagógico fuera de los terrenos de competición, apoyando asi la promoción del esfuerzo cooperativo.
 
Permítaseme otro ejemplo en este terreno. Una evaluación se trasmite naturalmente también a través de las reacciones verbales, de los refuerzos positivos que la psicología behaviorista ha estudiado tan extensamente. Pero, ¿hemos acaso considerado seriamente los efectos educativos a largo plazo del frecuente refuerzo positivo, de la permanente expresión enjuiciadora al estilo de: "excelente!", "muy buen trabajo!", "¡qué hermoso dibujo!" lanzadas al espacio social de un grupo de ninos?. ¿ No provocaria la acumulación de esta interminable serie de juicios un incremento en la medida de dependencia del alumno de la opinión de los adultos, en vez de ir asentando, siempre de acuerdo a su estadio de desarrollo, los fundamentos de una mayor autonomia?. ¿Acaso no malentendemos las ansias del niño que, en búsqueda de un diálogo verdadero, una relación en la que pueda confiar, se conforma con los tan conocidos "códigos verbales" con signo de admiración a que le hemos acostumbrado y que pocas veces son algo mas que expresiones vaciadas de un interes verdadero y de una profundización sería en aras de la comprensión empática de sus actividades ?. Es en este verdadero interés por su actividad en todos los terrenos que se podra expresar aquella toma de responsabilidad del docente por el desarrollo de las capacidades del educando a la que nos hemos referido.
 
Una última observación. Creo que somos hoy testigos de una direccion pedagógica inadecuada para el logro de los objetivos ético-sociales del trabajo educativo contemporáneo. Por un lado hemos sabido subrayar con razón la necesidad de desarrollar al máximo las capacidades individuales diferenciadas del educando. Esta orientacion se ha transformado en piedra fundamental de las modernas ideologías de educación y ha tenido, justificadamente, debida acentuación en distintos modelos de la educación escolar y pre-escolar. Pero es necesario considerar el mensaje encubierto en una actitud unidimensional del docente en este sentido que, guiado por su afan de conducir al alumno al desarrollo máximo de sus potencialidades (afan sin duda encomiable), trasmite una visión del mundo que el educando interpretara fácilmente como incitación al logro individual estrecho, egocéntrico, exento de orientación solidaria. Creemos en la necesaria implementacion de una intencion paralela: la que se expresa en otra invitacion mas, por asi decirlo, que sera preciso enviar al educando. Una invitación que le abra las posibilidades de asumir una actitud ética de responsabilidad activa por el "otro", en el sentido mas amplio en que hemos aqui definido al termino (" Si estudias bien este tema podras sin duda ayudar a tu companero" ).
 
Hemos procurado - en líneas muy generales - tocar algunos de los ejes de orientación y de las formas de implementación de un trabajo docente que puediera crear los fundamentos para la apertura o el ensanchamiento de caminos hacia una educación mas humanista, solidaria y emancipatoria, hacia una consideración de lo ético como dimensión insoslayable en el tratamiento de los contenidos y las formas del trabajo docente.
 
Sobre el autor
Prof. Raúl Weis
Instituto de Formación Docente Oranim
Universidad Haifa, Israel.
Email:rahol@macam.ac.il
 
Bibliografía
_ Burckhardt, J. (1999). Scientific values and moral education in the teaching of science in Perspectives in Science, 7 (1), 87-110.
_ Campbell, E. (1997). Connecting the ethics of teaching and moral education, Journal of teacher education, 48 (4).
_ Chalier, C. (1995). Levinas, Barcelona: Riopiedra Ed.
_ Eisner, E. (1992). Curriculum Ideologies, in Jackson, P. W. (ed), Handbook of research on curriculum, New York: MacMillan.
_ Feyerabend, P. (1981). "How to defend society against cience" in Hacking (ed),Scientific Revolutions, Oxford: Oxford University Press.
_ Giroux, H. & Purpel, D. (eds), (1983). The Hidden Curriculum and Moral education, Berkeley, C.A.:P McCutchan Publishing Company.
_ Gudmundsdottir, S. (1991). Values in Pedagogical Content knowledge, Journal of teacher education, 41(3), 44-52.
_ Kohn, A. (1990). The brighter side of human nature, N. Y.: Basic Books.
_ Levinas. E. (1995). Totalidad e infinito, Salamanca: Sigueme.
_ Noddings, N. (1984). Caring: a feminine approach to ethics and moral education, Berkeley: University of California Press.
_ Noddings, N. (1984). The challenge to care in schools, N. Y.: Teachers College Press.
_ Noddings, N. (1995). Philosophy of education, Colorado: Westview Press.
_ Oliner, S. P. & Oliner, P.M. (1988). The altruistic personality: rescuers of jews in nazi Europe, N. Y.: Free. Press.
_ Sockett, H. (1992). The moral aspects of curriculum in Jackson, P. W. (ed), Handbook of research on curriculum, N. Y.: MacMillan.
_ Watson, J. (1985). Nursing: human science and human care, Norwalk, CT.:Appleton-Century- CroftsNorwalk.
 

Graciela Morgade

Lic. Sandra Carli  

 

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