El asesor a distancia

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El asesor a distancia

Introducción
El auge que está teniendo la educación a distancia y los nuevos medios de comunicación que la potencializan en todos los niveles educativos y en todas partes del mundo, ha generado un interés y una atención cada vez mayor entre todos los involucrados en los procesos educativos. Se oye hablar cada vez más de las videoconferencias interactivas, de los medios virtuales de educación a través de Internet, de los teleprofesores y los telealumnos, de los asesores distantes y hasta de la mal llamada “educación virtual”.
En este trabajo abordaré algunos de los términos que menciona la gente sin haberlos comprendido realmente y de cómo la falta de conceptualización, puede llevarnos a errores y malas interpretaciones de lo que se está entendiendo cuando alguien utiliza alguno de esos términos. En seguida se señalarán las características que debe tener un asesor pedagógico en sus dos variantes, para realmente estar capacitado para funcionar como asesor en un sistema educativo a distancia y finalmente mencionaré algunas reflexiones que siempre deben acompañar a las innovaciones en materia de tecnología y su uso en el ámbito de la educación.

Los medios educativos a distancia
Como todos saben la educación a distancia no es nueva en nuestro medio. Delling de la Universidad Tübingen, propone que su existencia tiene más de 100 años. Entendemos por educación a distancia todos aquellos procesos de enseñanza-aprendizaje en los cuales el aprendiz no está en el mismo espacio físico que el enseñante; que hay una distancia espacio-temporal entre los dos, por lo que el alumno y el maestro no están en contacto directo o presencial, sino que lo hacen utilizando un medio que salve esa distancia. El mismo Delling en el libro “Theories of distance education”, señala que:

“La educación a distancia es una actividad sistemáticamente planeada que incluye la selección, preparación didáctica y preparación de materiales de enseñanza, así como la supervisión y apoyo del aprendizaje de estudiantes los cuales son alcanzados por medio de al menos un recurso tecnológico, para salvar la distancia entre estudiantes y maestros…”

Obviamente el primer medio que se usó para estos fines desde el Siglo XIX, fue el correo postal a través del cual el alumno recibía las lecciones enviadas por el maestro y contestaba las tareas o las pruebas que le eran solicitadas. Con la llegada de los medios electrónicos teléfono y radio, se pensó que esta función de comunicación se vería beneficiada con una mayor cobertura de los servicios. Sin embargo el correo ha seguido siendo el medio por excelencia, sobre todo para el envío de materiales tanto impresos como videograbados. Y aunque la radio ha logrado mayor cobertura de manera más inmediata, y el teléfono es el más usual cuando se busca retroalimentación o aclaración de la información, el asunto de las tareas y los exámenes seguía dependiendo de la asincronía del correo.

Es hasta la década de los 80s y con más fuerza en los noventas, que la educación a distancia recibe un apoyo trascendental con la popularización de las computadoras personales (PC) y de la telemática con sus servicios de redes de computadoras, mediante las cuales uno puede establecer comunicación con personas que estén en cualquier parte del mundo a través de otra computadora conectada a la red. Los servicios ofrecidos por la red como son el correo electrónico, el talk plática (conexión entre computadoras punto a punto); el chat charla (conexión punto- multipunto); la transferencia de archivos (FTP); y desde luego el World Wide Web (WWW); así como las videoconferencias interactivas (conexión entre computadoras utilizando una línea telefónica dedicada) que permiten la transmisión de imagen, voz y datos, y que constituyen lo más cercano al trabajo presencial pues maestro y alumnos se ven, se oyen e interactúan aunque haya miles de kilómetros entre ellos. En este aspecto resulta interesante notar que a pesar de ser el medio que podría considerarse ideal para la educación a distancia, las experiencias tenidas hasta ahora dejan mucho que desear, pues los encargados de planear y desarrollar actividades utilizando este recurso, aún no se han percatado de todas las potencialidades que éste les ofrece y por tanto no se ha aprovechado debidamente.

¿Qué es un asesor y qué es un asesor “a distancia”?
Asesor es el nombre que ha recibido el profesor en los sistemas abiertos y a distancia, con la finalidad de diferenciar sus funciones: mientras que en la enseñanza tradicional la función del docente es básicamente la información, en los sistemas abiertos y a distancia su función es de guía, de orientación, de retroalimentación y de motivación. Aunque en los sistemas indicados se dan dos tipos de asesor, su función en esencia es la misma. Un asesor está dedicado a los aspectos disciplinarios y el otro se concreta a los aspectos psicopedagógicos. Dicho en otras palabras, mientras uno es experto en contenidos (por ejemplo si se trata de una materia de ciencias básicas, el asesor es químico o físico o biólogo, etc.) mientras que el otro es un asesor en asuntos relacionados con el aprendizaje en sistemas abiertos: técnicas de estudio independiente, programación del tiempo de estudio, organización de las experiencias de aprendizaje, etc. Holmberg señala que una de las características de la educación a distancia, es la forma mediada de “conversación didáctica guiada”:
“El estudio a distancia, es esencialmente autoestudio, pero el estudiante no está solo; se beneficia del curso y de la interacción con tutores (asesores) y la organización que apoya. Un cierto tipo de conversación en dos sentidos mediante la palabra escrita o por teléfono ocurre entre el estudiante y los asesores…”

El asesor a distancia cumple alguno de estos propósitos pero no lo hace en forma presencial: su asesoría se da en tiempos o espacios diferentes y el contacto con los alumnos es indirecto, es decir, a través de medios. Algunas personas han dado en llamarle a este tipo de relación “asesoría virtual” pero, como discutiremos más adelante, esto es un barbarismo, su nombre correcto es asesoría a distancia.

Entonces, el asesor a distancia es un profesor designado por la institución que imparte la educación, encargado de orientar, motivar o guiar al estudiante en aspectos propios de la disciplina que se está estudiando o en temas relacionados con el cómo estudiar o cómo aprovechar mejor los materiales que se le proporcionan.

Es importante destacar que lo “distante” no es sinónimo de “virtual”. Recientemente se ha desatado la moda de calificar todo lo que ocurre en Internet o en los medios de comunicación como virtual, cuando tal vez lo que se quiera decir es “a distancia”. Mientras que la distancia se refiere al espacio que existe entre la escuela y el alumno, lo virtual se refiere a “aquello que tiene la apariencia de ser, pero no es”. Una escuela virtual sería la que ofrece educación, tiene asesores, materiales de lectura, otorga créditos y diplomas, tiene sección de registro escolar, etc., pero que no existe físicamente sino en forma digital. Pareciera una “escuela” por los servicios que ofrece, sin embargo nadie podría encontrar en el mapa dicha escuela. El abuso consiste en llamar “asesor virtual”, al profesor que nos otorga asesoría a distancia. Dicho asesor existe, es una persona de carne y hueso, está ubicado frente a una computadora y desde ahí nos asesora. Sus asesorías son reales y nos sirven para aprender.

Igualmente no puede haber una “educación virtual” o un “conocimiento virtual”. Esto es un barbarismo aunque algunos digan lo contrario.

La educación es o no es. Pero no puede “parecer ser sin serlo”. La educación a distancia la recibimos de una institución que se encuentra espacial o temporalmente alejada de nosotros, pero eso no la convierte en virtual.

(cf. Galindo R.E., Acerca de la virtualidad)

¿Qué características debe tener un asesor a distancia?
En principio debe tener las mismas que se le pedirían a un profesor tradicional, pero además debe tener un entrenamiento especial en aspectos relacionados con los sistemas abiertos y a distancia. Por ejemplo, debe estar convencido de que éstas son estrategias pedagógicas válidas, confiables y con mucho futuro. Una de las dificultades que han enfrentado los sistemas abiertos o a distancia, es el hecho que la mayoría de los docentes que se desempeñan como asesores dentro de ellos, fueron alumnos de sistemas tradicionales y no han recibido ninguna capacitación, ni formación que los habilite para desenvolverse en sistemas alternos, por lo tanto no comprenden su significado, su filosofía, sus estrategias y difícilmente creen en ellos. Existen asesores que confiesan que los sistemas abiertos son la caricatura de una ‘escuelita’. Éstos insisten en dar miniclases a sus asesorados y no adquieren ningún compromiso con el sistema, pues piensan que todo lo que se haga es inútil. Desafortunadamente, el medio social se ha encargado de promover esta idea y con frecuencia observamos los anuncios de ciertas escuelas que ofrecen estudios abiertos de “bachillerato en tres meses” o carreras de ‘técnico profesional en seis meses’, y naturalmente la gente tiende a pensar que son puro fraude.

En segundo lugar debe tener una gran capacidad para tratar con personas. Esta recomendación parece una contradicción pues si el asesor es “distante”, no va a tener trato con alumnos en forma directa. Pero, este es otro error de los que no conocen el sistema. El trato es mucho más personal, más individual, atendiendo a las características particulares de cada alumno. En un sistema presencial donde el profesor atiende grupos, lo más común es que ni siquiera conozca a todos sus estudiantes. Él llega a su grupo, da su clase, hace algunas preguntas, aclara algunas dudas y se va. Si acaso conoce a algunos alumnos, son aquellos que destacan por ser brillantes o por ser latosos. Sólo en casos especiales tiene otro tipo de relación con sus estudiantes, alguien que platica con él fuera de clase o alguien que le manifiesta una necesidad especial: más bibliografía, dudas personales o hasta situaciones familiares, pero fuera de eso no se conoce a nadie mas.

El sistema a distancia exige que el asesor sepa exactamente quién es su alumno, qué necesidades tiene, qué capacidades, qué limitaciones, para así orientarlo mejor. Si su intención es sugerirle alguna actividad adicional, debe conocer sus aficiones y sus gustos. Todo esto, desde luego, requiere de una mayor compenetración entre asesores y asesorados. ¿Parece difícil? Depende. Si los mecanismos de retroalimentación no son expeditos, económicos, casi instantáneos, es más complicado. Pero si estamos pensando en el correo electrónico, el chat o la videoconferencia (VCI), esto debe darse de manera natural. La relación que se establece entre alumnos y maestros en el correo electrónico es demasiado personal, casi íntima y esto favorece el establecimiento de relaciones humanas más cálidas y estrechas que en la educación en aula, cara a cara. A través de estos medios los alumnos se sienten con más libertad de decir a su asesor cosas que frente a frente no le dirían. Con este tipo de relación no se puede iniciar una sesión de asesoría como si fuera una clase presencial; no puede el asesor iniciar la sesión con su “clase” sin antes saludar al asesorado, sin preguntarle cómo ha estado personalmente, qué problemas ha tenido con el material, etc.

Esto nos lleva a que también se requiere un mayor nivel de esfuerzo, de compromiso y de preparación. En el sistema tradicional el profesor común se presenta ante el grupo, dicta una conferencia y ya cumplió. Los alumnos califican a estos maestros como “rolleros” porque lo único que hacen es soltar un “rollo” y se retiran. Solo les preocupa el aprendizaje cuando descubren, al calificar exámenes, que nadie les entendió. Y siempre queda la opción de salvarse de los errores cometidos alegando que ‘eso no lo dije yo’ o bien, ‘es que el alumno no estudió’.

En una asesoría a distancia, no se trata de disertar ante un grupo y demostrar cuánto sabe el asesor, sino de orientar efectivamente al estudiante para que éste logre el conocimiento por su propia actividad. La información queda por escrito y las respuestas que recibe del asesor, no “se las lleva el viento”, sino que quedan registradas para análisis posteriores. De esta manera, se pueden establecer actividades remediales para cada estudiante.

En tercer lugar el asesor a distancia debe estar bien informado sobre las fuentes alternativas de información para poder enviar al alumno a sitios seguros donde encontrar el dato que esté buscando. Ocurre que muchos se sujetan exclusivamente a la bibliografía que propone el autor del material que se esté usando, pero sin duda debe haber muchísimas otras fuentes que el alumno puede consultar, que inclusive pueden estar más disponibles que las recomendadas originalmente. Aquí se incluyen Internet, los CD-Rom, conferencias, congresos, videos y películas en exhibición comercial.

En cuarto lugar el asesor debe conocer, saber usar y saber resolver los posibles problemas que presenten los diferentes recursos de comunicación que le permitan realizar alguna de las siguientes actividades:

– Audio y video interactivo en dos vías enviado a múltiples sitios.
– Exposiciones sincrónicas y asincrónicas con estudiantes que pueden acceder a ellas mediante redes multimedia desde su hogar, su trabajo o desde cualquier lado.
– Discusiones electrónicas ‘en línea’ uno a uno o uno a muchos.
– Charlas (Chats) informales acompañadas de queso, galletas y la bebida favorita de cada quien.

En quinto sitio, el asesor debe conocer y usar los diferentes motores de búsqueda que existen en Internet, pues sólo así podría orientar y dirigir apropiadamente a sus asesorados en las investigaciones de contenido que necesiten hacer. Y esto no se refiere exclusivamente a saber muchas direcciones de Internet, sino a orientar efectivamente a sus asesorados, sobre cómo buscar, cómo refinar la búsqueda, cómo utilizar las “palabras clave”, cómo aprovechar mejor los “tips” que cada buscador ofrece, cómo saber si un documento encontrado es realmente lo que uno necesita o no, etc.

Solamente restaría proponer algunas recomendaciones para mejorar la actuación de quienes se vean involucrados en asesorías a distancia. Naturalmente, estas recomendaciones han surgido de nuestra propia experiencia como asesores, pues aún no existen trabajos teóricos al respecto:

– Tome siempre en consideración que su alumno está sólo, en contacto únicamente con el material.
– Preocúpese por conocer perfectamente a su alumno.
– Conteste siempre cualquier mensaje que le mande su asesorado, aunque le parezca que no lo amerita. Recuerde que el alumno no sabe si usted recibió o no el mensaje, o bien solo desea estar seguro de que usted sigue ahí, a su disposición. Por lo tanto, retroalimente apropiadamente cualquier comunicado de parte de él. Si recibió una tarea o un ejercicio que requiere análisis de parte suya, hágaselo saber al estudiante, enviándole un mensaje acusando recibo y señalando que después de la lectura le hará los comentarios pertinentes.
– Proponga siempre actividades complementarias a las que vienen incluidas en el material didáctico.
– Proponga un intercambio de fotografías entre usted y todos los integrantes de su grupo de asesoría. En el caso de los maestros, sus fotografías pueden estar incluidas en la página WEB donde resida el curso; y cuando esto no exista, sugiéralo como parte del conocimiento que se debe tener de los asesorados.

Por último, y no por ser lo menos importante, debo hacer hincapié en un asunto colateral al aprendizaje pero de suma trascendencia: en la educación presencial el alumno se forja una imagen del maestro tomando datos de un sinfín de señales, por ejemplo los gestos del profesor, su vestimenta, la forma de mirar, el tono de voz en que habla, sus “tics” verbales, su paciencia (o impaciencia) con los alumnos, etc, etc. Pero en la educación a distancia, la imagen del asesor se forma casi exclusivamente a partir de su comunicación escrita.
Lo que el asesor escribe y la forma como lo hace son casi las únicas señales a partir de las cuales el alumno forma la imagen del profesor. Entonces resulta fundamental que el profesor se preocupe por su ortografía, por la sintaxis, por un estilo personal de escritura que sea sobrio sin ser rebuscado, simple sin ser banal, directo sin ser agresivo.
Debemos recordar que la confiabilidad de lo que un maestro expresa, depende en mucho de la manera como lo hace. Si escuchamos a un maestro titubeante, tendemos a descalificarlo como experto del tema que está tratando. De la misma manera, si leemos un texto vacilante o confuso, perdemos la confianza en quien lo escribió y por tanto la credibilidad.

En resumen, el asesor a distancia, aunque es un profesor de carrera igual al que se desempeña en la educación presencial, requiere de habilidades adicionales a las de saber trasmitir un contenido eficazmente. Necesita, entre otras cosas, haber sido él mismo un alumno de sistemas abiertos o a distancia, haber vivido la situación en la que se encuentran sus alumnos y así entender mejor sus necesidades.