Dimensión pedagógica, proyectos institucionales

Una de las citas textuales que por alguna razón desconocida he retenido desde hace muchos años pertenece al psicólogo Carl Rogers, y dice : “he comprendido que ya no me interesa enseñar, sino que solo estoy interesado en aprender”. Me basta con mirarlos a ustedes para recordar lo mucho que podría yo aprender de sus experiencias, ya que el Nivel Inicial ha sido el único en el que no he tenido práctica durante mi carrera. Y sin embargo, al analizar el conjunto del sistema educativo, sostuve siempre que el Jardín era el espacio escolarizado que más respetaba a sus alumnos, el más libre, el más cercano a los intereses de los chicos. El más sano, en definitiva. Ello no significa que todo esté bien, o que no se pueda mejorar, pero es inevitable esa conclusión.
Quiero confesarles que la primera propuesta para esta charla fue que hablara sobre la construcción de relaciones matemáticas en el niño de 4 y 5 años. Y pasa que el tiempo destinado a esta introducción es demasiado breve como para desarrollar esta temática. De aquí surgió este tema alternativo.
Puedo afirmar sin dudas que las preocupaciones de ustedes son las de todos los maestros a lo largo y ancho del país. En las comunicaciones vía Internet que mantengo con otros educadores aparecen los mismos problemas , las mismas preguntas que nos hacemos aquí con respecto a la implementación de la reforma educativa. En todas partes, y tanto entre la gente que trabaja en el sector público estatal como privado, se reitera una sensación de malestar y muchos deseos de mejorar la práctica de la docencia. Parece contradictorio. No lo es: nos disgustan algunos aspectos de la propuesta, pero la dedicación al trabajo que la mayor parte de nosotros adoptó hace que continuamente nos sigamos interrogando acerca de nuestra práctica profesional.

La primera pregunta que me he formulado para esta instancia es qué pensará cada uno de los ustedes acerca de su formación previa; de la validez teórico-práctica de esa formación y cómo resolver el problema de aplicar la Ley Federal tal como se ha pedido que se implemente.
Sabemos todos que se forma a los docentes para trabajar en el aislamiento de un aula, no para compartir experiencias.
Allí, en esa etapa de preparación faltan modelos que activen todas las formas posibles de comunicación como ejes de toda interacción educativa, así como la cooperación, el trabajo grupal, el perseguir juntos un mismo objetivo en el marco del espacio institucional. Lo que se nos está pidiendo es que reinventemos nuestra práctica.
Así que a las preguntas : ¿ qué sienten otros maestros, conductores educativos, supervisores, sobre estas mismas cuestiones? ¿Corren acaso con ventajas? ¿Sienten la misma sensación de desamparo? ¿Están formados con mayor idoneidad, han desarrollado otro tipo de competencias? La respuesta es no: por los interrogantes que se formulan los colegas de todos los niveles con los que me hallo en contacto, les diría que los problemas son los mismos, y que se está buscando ayuda allí donde se pueda- es decir con los otros- para resolver las situaciones que se plantean desde un cambio de estructura que nadie sabe si habrá de funcionar mejor de lo que lo hacía la anterior. Hay una desorientación bastante generalizada con respecto a la tarea institucional.

1-Busquemos claves.
Creo no equivocarme si sostengo la hipótesis de que raramente se comparten experiencias institucionales y áulicas. Sin embargo , – y este encuentro es un ejemplo -, existen prácticas que tienden a mejorar la práctica profesional. Pero este es un espacio abierto a todos, no a una institución en particular. ¿Qué se comparte en cada institución con los otros actores?
Este, creo yo, es un tema para reflexionar.
Cada uno tiene su respuesta. ¿cual es la tuya?

2-Institución y después…
La vida institucional tiene sus tradiciones: son parte de nuestra historia…y que los cambios son difíciles, pues vaya que lo son…Pero hay dos conductas posibles por seguir:
a) Ignorar los logros profesionales, y de la misma forma no indagar cuáles son los obstáculos que nos impiden trabajar como deseamos.
b) tomar a logros y obstáculos como referencia para seguir adelante con esta profesión nuestra que es, por definición, “un servicio que prestar y una pesada carga que llevar”. Nada menos que el futuro de nuestra sociedad, o al menos un futuro posible se asienta sobre nuestras espaldas.

Todo lo que se haga en un centro educativo debe ser educativo…o no cumple con la función para la que fue creado. Distinguir entre aprender y educar es elemental: puedo ser muy buen ladrón…pero mi excelente aprendizaje, educativo no es.
¿Es educativo que yo piense sola, trabaje sola, no incluya en mis proyectos la palabra “nuestros”? ¿que no incorpore a quien es especialista en música , educación física, u otros en las actividades de un proyecto que pergeñé? ¿Es que no existe la palabra “nuestros”?
Pensando en el nivel: ¿es lógico que quien trabaje conmigo no comparta “mi “planificación, “mi” metodología, “mis” objetivos para el corto plazo?
Una institución, centro o unidad educativa es fundamentalmente un espacio de trabajo. ¿Somos todos conscientes de este hecho? ¿Es necesario que seamos todos amigos?
La respuesta para ambas preguntas es la misma: no, no lo es.
¿Deberíamos aceptar disensos o todos tendríamos que pensar igual?
Me atrevería a aseverar que si esta es la concepción dominante, no cabrían las innovaciones que es deseable implementar.
Quienes han hecho de su objeto de estudio a las instituciones nos dicen que para que un cambio de cualquier tipo sea efectivo, debe ser instituyente. Si es bueno en sus resultados , debe prevalecer y generalizarse.

Esto quiere decir que poco a poco debiera constituirse en instituido. Esto significa que , hasta que no se presente una propuesta mejor, toda la institución cambiará aquello que se estaba haciendo, a veces sin razón lógica alguna. Hacer algo “porque sí” es una respuesta infantil.
De modo que todo lo bueno para hacer, lo innovador, lo que nos hace progresar, se aparta de la concepción de que a todo lo que venimos haciendo debe ser conservado, así como siempre se hizo.
Seguir la tradición establecida o instituida no es respuesta a las necesidades de nuestros chicos y las familias a las que pertenecen. Pero inventar cambios sin una buena razón, sin que medie la detección de alguna necesidad, tampoco resulta bien. No es una tarea científica.
Esta es la problemática que enfrenta una institución cuando debe desarrollar proyectos institucionales. Algunos no pueden cumplirse por demasiado ambiciosos, o porque no se pueden evaluar. O porque contienen tantas ambigüedades que no pueden bajarse al aula.
Terminan siendo un afiche en la pared, un documento que elevar… algo que se hace para cumplir con normas que nos llegan…pero que no son significativos para orientar la práctica cotidiana. Esa práctica que significa distribuir el conocimiento que la humanidad ha acumulado, con el objeto de que se beneficien todos sin excepción.
¡Vaya si reviste importancia este instrumento! Pero con la condición de que sea tan realista como nos lo diga un trabajo de diagnóstico previo.

3- Proyecto Educativo Institucional
Trabajar la dimensión pedagógica del proyecto institucional implica que tenemos que reflexionar sobre cuestiones muy elementales, como por ejemplo:
¿Dónde se incluye mi práctica? ¿Cómo sentir que es mi propio proyecto si mi práctica no está contemplada en él?
La solución no es simple, pero vale la pena hacer el intento. Se trata de un proceso dialéctico que me lleve a analizar , en primer lugar, qué necesidades de cambio en alguna de las áreas o en todas ellas. El trabajo de diagnóstico es importante. Debemos conocer las peculiaridades del entorno social , porque se impone tomar a la realidad como punto de partida. En este punto es imprescindible tener en cuenta el capital cultural que traen nuestros chicos, al decir de Bourdieu y Passeron. Se trata de los muchos saberes a los que hay que rescatar como punto de partida, los familiares, los nacidos de la interacción con padres y hermanos, incrementados luego con los propios del barrio en que viven. Su importancia radica en que esos saberes constituyen la matriz sobre la cual se construirá el otro conocimiento, el de los contenidos de la cultura. Y que los chicos se apropien de estos contenidos es específicamente nuestro trabajo.
¿Qué podemos esperar? ¿cuáles son las expectativas de logro? son las siguientes preguntas a las que debemos responder. En forma de Objetivos, claro. Claros, precisos. Susceptibles de ser evaluados periódicamente.
Pero también deben considerarse qué obstáculos se presentan o pudieran presentarse, porque hay que enfrentarlos y superarlos. De lo contrario, los objetivos no habrán de alcanzarse.

Habrá que estimar tiempos (nunca determinados como absolutos). Ya mencionamos variables como el valor del entorno social para que los conocimientos propios del saber escolarizado sean incorporados por nuestros chicos sobre la matriz de ese capital que , en forma de habilidades, preconceptos, actitudes y valores han mamado en su familia y en su barrio.
¿Cuáles son las explicaciones que los niños formulan para posicionarse en el mundo? ¿Cómo olvidar que no son adultos pequeños sino niños que están en cierto estadio evolutivo? ¿Que su pensamiento es preconceptual? ¿Que vienen construyendo su mundo según lo perciben, pero que no son tontos? ¿Que la imposición cultural – la nuestra- no vale de mucho si entra en colisión con lo que aprendieron desde el nacimiento? ¿Que no es obligatorio que entren a competir unos con otros, porque las diferencias nacen de esa matriz familiar? ¿Que es más valioso un trabajo realizado por los propios chicos que una bella presentación hecha por el docente para ser él el evaluado? ¿Que todo, absolutamente, debe ser discutido y resuelto por los alumnos ya que nosotros somos meros guías de esas decisiones?

Sin un diagnóstico básico no hay propuesta de metas u objetivos.

– Si el diagnostico no está en consonancia con necesidades claramente detectadas, no nos queda sobre qué innovar, y los objetivos no son evaluables.
– Si quedamos en las formas y no en el contenido, tendremos un proyecto vacío de significación.
– Si no incorporamos los proyectos de mejoras a nivel áulico, nos queda en la propuesta institucional una declamación: no un PEI realista.
– Si no determinamos los tiempos, formas , y medios para evaluar, todos los años reiteraremos nuestras buenas intenciones pero no sabremos si se cumplen o no.
– Si lo bueno se instituyó, o está en vías de hacerlo, o si los obstáculos pudieron más que la necesidad de mejorar el funcionamiento institucional, nuestros esfuerzos iniciales se habrán desperdiciado…

4- Proyectos de sala para construir
Supongamos que hemos decidido que todas las salas de 4 y 5 años utilicen la teoría constructivista de la lengua. Hay allí un elemento común. Todo el Jardín está empeñado en esa tarea. Se ha transformado en un objetivo pedagógico institucional. Pero no hemos terminado con esto, sino que tendremos que acordar otras pautas de acción que se relacionan entre sí. Hay tiempos para ir construyendo los nuevos aprendizajes sobre la matriz del lenguaje familiar. Hay períodos tras los cuales deberán evaluarse los progresos, los métodos, los subproyectos individuales.
¿Podríamos pensar en una evaluación general, con resultados registrados, tras cada trimestre? ¿Conviene utilizar un único instrumento o varios diferentes? ¿Estamos seguros de que todas las categorías están contempladas en esos instrumentos? ¿Y de que están integrados aquellos contenidos sobre los que es preciso trabajar?
Esto constituye un nuevo diagnóstico.
Comparamos logros y obstáculos. Examinamos cómo podrían acentuarse los primeros y superar los inconvenientes que se hubieren presentado. En este trabajo de conjunto, pude verificarse si hubo errores metodológicos, falta de consistencia en algunas actividades o si en algún caso es necesario reemplazarlas por otras más adecuadas. Así se instituyen y conforman los grupos de trabajo , y a poco andar, se verá que no existen ya los “llaneros solitarios”, como no intervengan factores de personalidad que como obstáculos a la tarea común deberán considerarse. Siempre está la posibilidad de solicitar la mediación de terceros: un directivo, un supervisor pedagógico en definitiva, que con una mirada objetiva ayude a solucionar el problema. Incluso puede recurrirse a una intervención externa si todo lo mencionado falla.

En última instancia, aquel que disponga de más y mejores armas puede coordinar las acciones programadas en común…Se preservará el espacio laboral ya que eso exactamente es un jardín o una unidad educativa cualquiera.
Por supuesto esta no es más que una propuesta de trabajo destinada a solucionar el malestar interno, en caso de que exista, y que como objetivo general podría formularse – se me ocurre -, en términos como éste: “Integrar a los actores institucionales en un proyecto pedagógico común —- que se desarrollará a partir del año en curso en todas las salas de 4 y de 5 años”.
Si decimos “a partir de” no le ponemos límites: es como mínimo, para el corto plazo, e incluso puede convertirse en algo permanente. Salvo que se produzca un fracaso total en la experiencia ( por no respetar plazos o acciones programadas, o porque las personas no estén verdaderamente motivadas o cualquiera sea el obstáculo que se presente), el objetivo podrá quedar en el Proyecto Institucional como factor comprensivo de la innovación en práctica o de otras que se vayan presentando como necesidad.

En síntesis: si el Proyecto Educativo Institucional funciona como reflejo de acciones pedagógicas necesarias para indicar el rumbo que tomará la acción educativa del centro, dejará de ser un papel que cuesta elaborar pero no es útil. Algo que se hace para cumplir y nada más.
Por el contrario, se convierte en un instrumento eficaz para la transformación educativa que sea necesaria con el objeto de mejorar en muchos sentidos la función específica de la institución, incluyendo las relaciones humanas.
Ya no será más un papel que adorne la pared.
Muchas gracias.