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Trabajo colectivo con orientaciones para docentes universitarios

Coordinación: Marta Alicia Tenutto Soldevilla.

Autores: Arq. Haydée Bustos, Lic. Natalia Soledad Cerdá, Lic. María Alexia Assandri Saitúa, Lic. Laura Rojo Bily Mónica B. Chacón, Contadora y Lic. Andrea Alejandra Fracassi Ravier, Contadora y Lic Fabiana Marta Ortiz, Dr. Andrés Carro Rey, Daniel Xinus, Lic. Julieta Olivera y Lic. Jonatan Peña Farinaccia.

Introducción

Este trabajo es el producto de un trabajo colectivo elaborado a partir de un curso destinado a profesores universitarios.

Quienes participamos creemos en la construcción del conocimiento y, por ello, decidimos compartir lo trabajado, abordado, discutido con otros profesores e invitarlos a que se sumen con sus orientaciones, inquietudes, propuestas a las que presentamos a continuación.

Desarrollo

La primera consigna del curso fue: redactar una frase, un párrafo a partir  de lo trabajado durante el primer encuentro. Ante esa propuesta surgieron diversas voces.

Se trabajó sobre estrategias para la enseñanza en un mundo de incertidumbres y cambios ante los cuales resulta imprescindible las respuestas enriquecedoras a partir de la experiencia y el conocimiento y donde es necesario mantener la asimetría en relación al lugar del docente en la transmisión del saber.

En el contexto actual la fragmentación del saber es la arena donde se despliegan las nuevas reglas de juego. Contexto en el que también coexiste la resistencia al cambio por parte de los profesores mientras a la par aspiran a llegar al alumnado con buenas estrategias que garanticen el aprendizaje. Algunos profesores manifiestan la necesidad de conocer este nuevo sujeto, intentando dejar de verlo con el cristal del alumno/a que supe ser, entendiendo que cambiaron las formas de relación conocidas, repensando cómo construyo nuevos conocimientos, partiendo de dos ideas centrales para la reflexión: 1) no siempre que alguien enseña, otro aprende y 2) la teoría no habilita a que otro haga la práctica.

Se podría decir, que el objetivo del profesor es poder trasmitir conocimientos y que los alumnos puedan aprenderlos y aplicarlos. Sin embargo, aún estando el profesor frente a su clase, sólo puede controlar determinado número de variables, debido a que, el Profesor desconoce si los alumnos van a la clase porque desean aprobar, porque sienten la obligación de la asistencia, porque les gusta ir a esa clase, o porque no tienen otra opción, entonces, prestan atención o no, aunque el profesor no pueda detectarlo. El profesor debe monitorear su curso para saber si sus alumnos están incorporando conocimientos y que los comprenden, una de las formas más sencillas es realizando preguntas y generando un  ambiente en que exista confianza entre los alumnos y el profesor. El profesor tiene la tarea de orientar a sus alumnos.

El profesor no puede limitarse a evaluar sólo conceptos, y debe permitir a los alumnos que argumenten y se expresen, esto último es más complejo de evaluar y trabajar, debido a que lleva más tiempo, pero bien se pueden establecer pautas de aplicación de ambas “políticas” de controlar los conocimientos incorporados y su comprensión: ¿Qué siente?¿Qué se llevaron de la clase de hoy? Se trata de trabajar en los bordes y de tender puentes.

Anticipar, programar, planificar el desarrollo de una clase no quita que el profesor  tiene que estar preparado para que cambie el curso de la clase si resulta más efectivo a la hora de generar atención y predisposición por parte de los alumnos. Además hay que distanciarse de aquellas prácticas donde se mira s los alumnos desde cierta ajenidad adulta que lo mira desde lo que espera sea en lugar de buscar, indagar qué se despliega delante suyo.

Las siguientes consignas llevan a compartir algunas ideas que surgieron en el curso y que compartimos a continuación

PLANIFICACIÓN

– Tenga en cuenta el contexto en que se encuentra: cada institución, cada carrera, cada grupo de trabajo provee un marco distinto que debemos considerar, aún tratándose de la enseñanza de una misma asignatura.

– Al comenzar en una nueva institución el profesor debe informarse sobre:- visión educacional de la institución (ayudará a entender mejor a los alumnos que concurren así como a personal docente y no docente). -averiguar e informarse sobre el programa aprobado para la institución y los contenidos mínimos. -cuáles son los procedimientos y costumbres de la institución para obtener el mayor apoyo y satisfacción por parte de los directivos, no generando roces innecesarios. No siempre la misma materia tiene el mismo enfoque en distintas instituciones.

POSTURA DOCENTE

– Resulta imprescindible poseer y mostrar pasión en el trabajo, gusto por la tarea.

– Lo ideal es establecer la primer clase un “código de convivencia”, o en otros términos lograr la participación de los alumnos para establecer las reglas/pautas bajo los cuales se van a regir, tanto docente como alumno. Ejemplo: apagar los celulares al ingresar a clase, no tener los celulares prendidos o sobre los escritorios, no comer chicle en clase, no faltar el respeto ni a compañeros/alumnos, ni al profesor, etc.

– Procurar distanciarse de La “pedagogía de la espera” que puede llegar a ser muy riesgosa.

– Generar un ambiente de confianza entre los alumnos con el profesor. Conocer a los alumnos para que puedan expresar sus dudas.

– Usar el humor es un buen recurso para promover el interés en los alumnos.

– Ser  Coherente, Flexible y Creativo.

– Demostrar entusiasmo e importancia de la materia que se enseña. Indagar a los alumnos acerca de sus expectativas y lo que desean aprender, darles la oportunidad de expresar su opinión.

– Construir las condiciones para la comunicación entre profesores y alumnos.

– Darse a conocer y permitirse conocer a sus estudiantes, no sólo en el plano académico sino también en el personal, estrechando vínculos.

– Suele ser buena idea establecer contratos de trabajo consensuados entre todas las partes (docente y alumnos), lo que facilita su cumplimiento. Y si es el caso, ¡repactarlos!

PROPUESTAS DE ENSEÑANZA Y DE EVALUACIÓN

– El profesor deberá tener especial atención en las primeras clases para establecer si la estrategia elegida es correcta o se deberá replantear para un mejor logro de los objetivos.

– Desde el inicio de las clase definir pautas con los alumnos, sobre cómo se llevarán adelante las clases, cómo se evaluará etc.

– Realizar un mapa conceptual al inicio de la clase para que puedan relacionar el contenido que se dará durante la misma respecto del contenido integral de la materia.

– Trabajar con simulaciones. Sus momentos y la recomendación en particular del completar el último paso. Resulta muy útil en materias prácticas.

– Resulta necesario abordar diferentes estrategias pues no todos los grupos responden de la misma manera. Esto motiva y hace más atractiva la clase.

– Incluir el uso de las nuevas tecnologías, siendo flexibles, implicar al alumnado en lo que se pretende construir, dar la posibilidad de que tengan voz, opinión, chequear lo que se llevan, y lo que no llegué a ver…

– Indagar sus formas de aprender para adaptar la enseñanza.

– Lo ideal es llevar bien preparadas las clases. En lo posible tener bien estimado el desarrollo de los contenidos y los tiempos, incluso los tiempos que se destinaran a la realización de actividades en clase. Uno es humano y también se puede equivocar. En caso que uno sea abordado en clase de un tema que desconoce, se le avisa al alumno que tuvo la duda que se informará para responderle la próxima clase. En la clase siguiente, antes o después de terminar la clase puede despejar la duda.

– Motivar a los alumnos/as para que expresen sin temor ni vergüenza en el  aula la lengua que estamos aprendiendo.

– Al inicio de clase, repasar rápidamente los contenidos vistos en la clase anterior. Tomarse cinco minutos previos a la finalización de la clase, para que los alumnos enuncien aquellos conceptos que consideren que fueron los más importantes que se dieron en la clase.

– Tener presente que nuestra tarea de docentes no termina solo con la exposición de contenidos. No siempre la transmisión de los mismos genera una aprehensión de estos por parte del alumno. Busque más instancias que las de parciales orales y escritos para evaluar si han logrado captar los contenidos de la materia. Muchas veces, es preferible que algunos conceptos los desarrollen los alumnos en función de la prueba y error.

– Se puede cerrar la clase con una frase que se aplica a la actual situación por la que atraviesan los docentes. “El pesimista se queja del viento, el optimista espera que el viento cambie, el realista ajusta las velas”. William George Ward.

– Propiciar que el alumno se comprometa en el proceso enseñanza y de aprendizaje haciendo diversas tareas que les lleven a implicarse y comprometerse.

– Monitorear que los alumnos van comprendiendo.

– Trabajar con el vocabulario de la materia.

– Evitar caer en la rutina para que las clases no sean tediosas y aburridas.

– En todas las clases dejar en claro las conclusiones de lo visto y actuado.

– Habilitar espacios de reflexión en grupo. Compartir y exponer en común.

– Mirar de otra manera a la evaluación como  un proceso, no como  búsqueda de resultados exclusivamente. Establecer acuerdos con los alumnos para comprometerlos a superarse (a ampliar su  capacidad: de aprender de forma independiente y de armar argumentos lógicos).

– Usar diversas estrategias de evaluación. Evaluar las consecuencias de cada una de las acciones que tomamos. Después de evaluar, hacer una devolución al alumno para que pueda corregir sus errores, completar lo que le faltó aprender y que desde ahí pueda pasar al siguiente paso de aprendizaje.

– Los exámenes deben ser novedosos pero no nuevos.

– Lo ideal es establecer las reglas/pautas de corrección de las consignas y la corrección de trabajos y parciales. Se podrá establecer con los alumnos las consignas de manera más clara así como transmitir que se espera de ellos, y como serán evaluados.

FINALMENTE, A MODO DE CIERRE, ALGUNAS IDEAS PARA COMPARTIR

– Conoce a tus alumnos. No solo aquello relacionado con la materia, es decir, sus conocimientos previos, incluso sus expectativas respecto de las mismas, sinó también aquello que se nos permita indagar de sus gustos personales (músicas, etc.) y necesidades cotidianos, sus preferencias, ello orientará las estrategias y las reformulaciones de las reglas del juego para poder sellar los futuros pactos o contratos.

– Sé entusiasta, que se note que hay pasión. Los estados anímicos del profesor, condicionan el desenvolvimiento de la clase, no te olvides de la importancia de la comunicación no verbal, muchas veces es hasta la más importante. Si no te sientes a gusto, es hora re replantearte el camino. Si bien que uno enseñe no garantiza que el otro aprenda, recuerde que casi todo se contagia; ¡la alegría y el entusiasmo en especial!

– Prepara tus clases. Planifica. Si bien la improvisación le quita rigidez, puede ser dañina si ello conduce a que la clase se nos vaya de las manos o nunca alcanzamos el objetivo deseado.

– Sé organizado. Selecciona, organiza y secuencia tu material, asegúrate que el mismo tenga el nivel apropiado, ejemplos de la realidad concretos y entendibles, que incluyan la suficiente ejercitación para que el alumnado logre aprender haciendo. Ayúdate con lo que has podido recabar de sus gustos y preferencias, si investigas, esa información te dará los ejemplos que necesitas.

– Presenta los contenidos en forma sencilla. Usa ejemplos reales y concretos, muchas veces es más útil esto que una “gran exposición” o clase “magistral”, donde por ahí, no logramos el objetivo deseado.

– Trabaja conjuntamente con todos los involucrados. Directamente el primer día de cursada, donde se establezca en equipo las reglas del juego, llevándolos a armar un listado de lo que se puede y lo que no. Y que deberá ser respetado por todos sin excepción.

– Presenta la Materia o Asignatura, buscando el consenso del alumnado. Logra mostrarla resaltando su importancia dentro del currículo, y en relación con otras asignaturas. De que se nutrieron para llegar a esta materia y de que se van a nutrir para arribar a las que siguen. Y lo fundamental, qué herramientas les dará para su desempeño profesional.

– Utiliza la mayor cantidad que te sea posible de recursos y tecnología. Muchas veces los alumnos están interesados en ayudarte a elaborar los contenidos con las herramientas que ellos dominan, podemos ir ajustando esas habilidades con el armado y cognición de contenidos. De a poco se construye el hábito. Y el ser parte genera pertenencia, y se propicia el aprendizaje colaborativos y te acercará a sus puntos de vista, a sus conocimientos previos, que te serán de utilidad para construir el puente desde ese punto de partida hasta dónde pretendes llegar.

– Fomenta la participación activa del estudiante y el trabajo en equipo. Es un hábito que se está perdiendo, muchas veces les cuesta interactuar con el otro con los otros…Proponer actividades que presenten un desafío pero que no sean imposibles de resolver con el nivel de conocimientos adquiridos a ese momento, para no generar frustración.

-Haz tu mejor esfuerzo en la elaboración de las evaluaciones, estudia de ser necesario las opciones que tienes. Evita que se fracase porque las consignas no han sido lo suficientemente claras. O los instrumentos presenten algún tipo de error en la confección que no te permita evaluar lo que realmente deseas evaluar. Recordando que aquí no es el momento de poner cosas nuevas, si novedosas, pero no nuevas…Ello iría en detrimento del saber hacer…

– Capacítate. Los docentes debemos ser los primeros y mejores alumnos; capacítese, indague y explore tanto o más que lo que lo que le pide a sus estudiantes.

– Renueva las miradas. Los tiempos han cambiado; cambie con ellos.

Y como cierre compartimos algunas frases:

“Si seguimos haciendo lo que venimos haciendo, seguiremos obteniendo los mismos resultados.”

“La clave no está en hacer lo que hacían nuestros docentes, sino en hacer lo que ellos haría en este contexto”.


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Revisar, replantear. La ajenidad adulta ante la niñez y adolescencia.

En los últimos años, los adultos observamos –muchas veces, con asombro– a los adolescentes y jóvenes de hoy. Los miramos como si ellos hubiesen llegado de un lugar lejano y desconocido a insertarse en una sociedad de la que nunca formaron parte. Ajenidad adulta que merece ser revisada.

Instalar un debate acerca de las prácticas que nosotros, los adultos, llevamos adelante con los niños para formular algunas hipótesis acerca de cómo imaginamos esos niños convertidos en adolescentes y jóvenes del mañana, es el primer paso en esta tarea.

Ante ello, surge la necesidad de compartir con padres, educadores y comunidad toda, la necesidad de habilitar el compromiso y la responsabilidad que poseemos como adultos para generar un cambio de actitudes y habilitar un trabajo sostenido y compartido con otros adultos a través de prácticas concretas y activas que permitan generar un compromiso real en la construcción de una sociedad.

El título apela a una serie de prácticas que han entrado en nuestra sociedad y se han instalado casi sin darnos cuenta, habitan entre nosotros o –mejor dicho– nos habitan. Para revisarlas, los invitamos a recorrer solo dos hechos para luego analizarlos. La mayoría de estas prácticas se dan en otros países pero merecen ser tratadas. Las situaciones son las siguientes: a) quienes han tenido la oportunidad de recorrer algunos aeropuertos y/o plazas asistimos a un espectáculo del que, al parecer, nadie se sorprende: los niños son llevados con arneses y la distancia que pueden cubrir está limitada por la extensión de la “correa”; b) los padres reciben un informe acerca de qué tareas debería realizar su hijo en cada ocasión, cuáles ha realizado y cuáles no.

A simple vista, en el primer caso parece que estamos protegiendo a los niños y niñas, pero… ¿por qué tratar a los niños como si fueran mascotas? ¿Qué diferencia existe entre esta propuesta y un paseador de perros? La expresión suena dura pero inevitable. Y surge la pregunta: ¿por qué no educar a los niños como nos educaron a nosotros, donde se establecían los límites de lo posible? ¿Están  aprendiendo los niños la noción de límite, la de peligro, o sólo se dejan llevar por el adulto, el que lo conduce?

Segundo hecho: ¿en qué medida estamos, sin quererlo ni saberlo, obturando la comunicación? ¿Para qué nos va a contar nuestro/a hijo/a cómo le fue en el colegio si ya lo sabemos todo?

Además, ¿cómo formaremos la responsabilidad si ésta depende del adulto, de lo que diga o no diga? ¿Cuándo vamos a formarlos responsables y comprometidos si nuestra mirada lo cubre todo? Todas las generaciones necesitaron espacios donde la mirada adulta no llegara y si la nuestra recubre todo lo posible, ¿qué consecuencias puede tener esto en la formación de las subjetividades?

También, en esta misma línea, muchas veces sucede lo opuesto: numerosos adultos creen que para ser amados por los niños deben someterse a sus arbitrios, quedar librados a lo que el niño/a quiera en un momento determinado y hacen que la vida de estos niños transcurra en espacios sin límites: todo el tiempo la televisión está encendida, todo se puede tocar, pedir, querer.

Quienes tuvimos oportunidad de pasar por las escuelas salesianas recordamos con nostalgia el legado de Don Bosco. Los educadores que sostienen el “sistema preventivo” se expresan no solo por las palabras sino particularmente por los hechos. Fuimos niños y jóvenes educados en la responsabilidad y el compromiso, sostenido en acciones concretas, por ejemplo, los alumnos de los cursos superiores nos ocupábamos de diversas acciones: desde tomar lista hasta atender el kiosco.

Si trasladamos la propuesta mediática de gran hermano a nuestras vidas, con niños hiper-controlados, ¿qué jóvenes del mañana estamos habilitando? ¿Cuándo y cómo estos jóvenes se convertirán en responsables y comprometidos si no damos oportunidad para que acontezca? ¿Qué sucederá si los niños y niñas crecen sin conocer hasta dónde se puede o no se puede pasar, tocar, hacer?

Interrumpir el círculo establecido socialmente respecto de las características de estos niños-jóvenes, es decir, el sentido de la ajenidad adulta respecto de la responsabilidad de la construcción subjetiva infanto-juvenil, resulta imprescindible. Ajenidad Adulta que se retroalimenta con comentarios que surgen aquí y allá, desde los medios de comunicación, en las reuniones familiares, en las mesas de café y hasta en los ámbitos laborales, espacios en los que el sentido social se amasa lenta pero permanentemente, se instala y mantiene vigente su fecundidad explicativa.

Esta construcción ha insumido mucho tiempo, es muy fuerte y como explicación resulta muy atractiva, de modo que su modificación requiere un trabajo arduo y complejo, pero es imprescindible cambiar las prácticas que, hasta hoy, han dado pruebas de su ineficacia.

Abrirnos a nuevas propuestas que transiten por la reasunción de la responsabilidad adulta en lugar de su nefasta ajenidad, donde desconocemos aquello que contribuimos a formar, constituiría un primer paso ineludible para desandar tanto desacierto.

El futuro es hoy, pero requiere de un trabajo conjunto de todos los actores porque, como decía Don Bosco: “No basta con amar a los jóvenes, es preciso que ellos se den cuenta de que son amados” y somos nosotros, los adultos, los que debemos dar ese paso.